PÓDCAST ZENRADAR

Lo que depende de ti en tu visibilidad dentro de las IA, y lo que no

Publicado el · Duración 5 min

De qué trata el episodio

La mitad de la puntuación de ZenRadar mide si los motores de IA ya te citan, y eso no lo cambias directamente. La otra mitad está en tus propias páginas: datos estructurados en JSON-LD y una respuesta fácil de extraer. Dos voces separan lo que puedes cambiar esta semana de lo que el modelo ya tiene guardado.

¿Las IA citan su sitio web?

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Transcripción del episodio

Bueno, normalmente cuando se habla de presencia digital hay como una cierta ilusión de control, ¿verdad? Se escribe un texto, se publica en un servidor y ahí queda. Claro, es como pintar una pared. Se ve exactamente el color que se ha elegido, es algo tangible. Exacto, pero claro, luego entramos en el terreno de los grandes modelos de lenguaje y de repente esa pared cambia de color según quien la mire.

Y justo eso es lo que vamos a investigar hoy en este análisis a fondo sobre una herramienta llamada Denradar. Eso es, una inmersión sobre visibilidad en Google y en las IAs con un tono directo, concreto y sin falsas promesas. Y con un enfoque súper periodístico, porque la misión de hoy es desgranar esa frontera entre lo que tenemos en las páginas propias y lo que el modelo ya tiene guardado. Esa es la clave, la diferencia vital entre lo que podemos cambiar nosotros con nuestras manos y esa enorme caja negra de la IA, totalmente. Y fíjate, al principio viendo la ficha me surgió una duda razonable.

Pensé, a ver, ¿no será esta herramienta simplemente un clon de los medidores de tráfico tradicionales pero con un nombre más moderno? Ya, es facilísimo caer en esta trampa, pero la mecánica es fundamentalmente distinta. Los medidores clásicos te dicen dónde está una web en Google. SendRader interroga en directo a cinco motores distintos. Hablamos de ChatGPT, Perplexity, Gemini, Claude y las vistas generales de IA de Google, ¿no?

Exactamente esos cinco. O sea, no buscan dónde cae el clásico enlace azul, sino que rastrean si la web aparece como fuente. Literalmente buscan si hay una presencia en la respuesta de IA. Eso es, si hay una cita directa en el texto que genera la máquina. Vale, pero antes de entrar en cómo miden esto quiero dejar algo clarísimo a quien Hemos revisado la ficha de arriba abajo y hay que decir en voz alta que no aporta testimonios de usuarios ni nombres de clientes.

Ni cifras de resultados de éxito, ojo. Exacto y cero tarifas. Así que no vamos a rellenar esos huecos con suposiciones ni inventar nada. Y tampoco vamos a mencionar ningún precio de suscripción porque las tarifas cambian, pero este análisis se queda. Me parece lo más honesto centrarnos puramente en la mecánica.

Y el dato central es que utilizan un sistema de 100 puntos para medir esa visibilidad. Vale, 100 puntos. Asumiendo que ya no se busca ese clic tradicional, sino lograr que la IA nos use como fuente, cómo demonios se miden esos 100 puntos. Pues se divide en tres pilares. El mayor peso, que son 50 puntos, depende puramente de la cita en sí.

Es decir, cuántos de esos cinco motores nombran la página. Tal cual. Luego hay 25 puntos que provienen de contar con datos estructurados. Ah, los datos estructurados, claro. Concretamente el formato HasonLD. Y aquí la cosa se pone interesante.

Sí, porque hay que entender que un modelo de lenguaje no lee una página apreciando el diseño. Procesan datos puros. Se le da la información completamente masticada. Ese código actúa como una traducción para darle a la IA los hechos exactos, sin que tenga que adivinar el contexto. Exactamente. Le quitas a la máquina al esfuerzo computacional.

Pero claro, también extraen texto normal. Y ahí entran los últimos 25 puntos, que dependen del formato. ¿Y qué piden exactamente en el formato? Valoran que la respuesta se ofrezca en las 100 primeras palabras, que incluyan números concretos, listas y una fecha visible. Y ojo, todo esto se analiza con un escáner que lee la web pública, sin requerir instalar ningún código oculto.

Nada de código. Es todo externo. Es que es como un examen al libro abierto. O sea, no basta con tener la respuesta correcta oculta por el párrafo 8. Claro. El profesor, que es la IA, tiene que encontrarla resaltada en el primer párrafo.

Si no, pasará al siguiente alumno porque no tiene tiempo que perder. Esa analogía da en el clavo. Al final buscan eficiencia técnica, gastar menos tokens. Vale. Todo tiene sentido cuando entiendes que premian el menor esfuerzo para la máquina. Pero hay un detalle en el documento que me dejó pensando.

¿Cuál de ellos? Señala que, si el motor de IA de Google no se activa para una búsqueda concreta, el sistema no lo cuenta como un fallo. Ah, sí. Asomen que si la IA decide guardar silencio de forma automática, no puede penalizar la puntuación de la web. Se neutraliza en el cálculo. Lo cual invita a una reflexión fascinante, ¿no?

Porque si las inteligencias artificiales deciden no contestar en ciertas consultas a su antojo, se está optimizando el contenido para un árbitro que a veces ni siquiera se presenta al partido. Es una buena vulnerabilidad que plantearse, desde luego. Hace cuestionar quién tiene realmente el control. Totalmente. En fin, para bajar todo esto a la realidad, hay una acción muy clara que se puede hacer justo después de escuchar este análisis. Sí, el ejercicio práctico.

Eso es. Basta con abrir la página web más importante que se gestione, leer las cien primeras palabras y comprobar si de verdad responden de forma directa a la pregunta principal que haría un usuario. Porque si la respuesta está escondida al fondo... Pues quizá esa pared de la que hablábamos al principio necesite urgentemente una nueva mano de pintura.

Transcripción automática, revisada por muestreo.

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